Hay ardillas sueltas en Luján y no son de acá: ya son miles y avanzan sobre los barrios

6 noviembre, 2026 Hay ardillas sueltas en Luján y no son de acá: ya son miles y avanzan sobre los barrios

En las veredas de Luján, entre plátanos y techos de chapa, se ven colas esponjosas que saltan como si nada. Lo que parecía una curiosidad simpática ahora es tema de charla en todos los barrios: crecen rápido, se mueven en bandadas y ya nadie duda de que llegaron para quedarse. “Son re lindas, pero te rompen todo”, suelta una vecina mientras señala el tendido eléctrico.

De dónde salieron

Estas ardillas no son de acá. Se trata de la ardilla de vientre rojo, originaria de Asia, que fue introducida hace décadas como especie ornamental y se escapó de ámbitos privados hacia la campaña. Con pocos predadores, alta plasticidad y una enorme capacidad de adaptación, encontraron en la pampa húmeda un banquete de alimentos y huecos para nidar.

“Lo que vemos hoy es el resultado de muchos años de expansión silenciosa”, explica una bióloga del Conicet consultada por este medio. Según estudios locales, las poblaciones cercanas a ríos y vías férreas funcionan como corredores que las conectan con nuevas zonas periurbanas.

Por qué preocupan

El problema no es solo que se multiplican. Estas ardillas pelan cortezas, dañan frutales, muerden cables y pueden desplazarse por techos hasta entrar en altillos. También compiten con aves por nidos y consumen brotes en jardines. “A escala productiva, el impacto en viveros y pequeñas quintas ya se siente”, dice un técnico municipal.

No son agresivas por naturaleza, pero si las alimentás o intentás agarrarlas pueden morder. Las autoridades piden no darles comida, evitar la proximidad y mantener la basura bien cerrada para no atraerlas.

Cómo avanzan tan rápido

La especie tiene dos pariciones al año y camadas de hasta cuatro crías. Con recursos abundantes y pocos enemigos, cada temporada empuja una nueva frontera. Su dispersión se apoya en arbolado público, líneas de servicio y jardines interconectados, como una red de puentes verdes a escala barrial.

En Luján ya se las ve cruzando avenidas, trepando medianeras y saltando hacia patios con una agilidad que desconcierta. “Aparecieron en casa, las filmamos y al mes eran el doble”, cuenta Matías, vecino de la zona de La Loma. La postal se repite en otros puntos del partido.

La convivencia forzada

La sensación es ambigua. Por un lado, generan ternura con esa cola escandalosa y los ojos negros que miran fijo. Por otro, dejan rastro de ramas peladas, frutales mordisqueados y un zumbido cortado cuando caen los fusibles. “Las ves y decís ‘qué mononas’, pero después te encontrás el cable del internet hecho trizas”, resume una comerciante del centro.

En barrios con mucho verde, la convivencia se volvió un rompecabezas diario: proteger huertas, cubrir ventilaciones y revisar el cielo raso para evitar nidos. La clave, dicen los especialistas, es cortar el acceso a refugios y reducir la atracción que provoca la comida fácil.

Qué está haciendo el Municipio

El área de Ambiente inició un mapeo de avistajes y trabaja con universidades para delinear un plan de manejo. La herramienta más usada en otros países es la trampa de captura selectiva con posterior manejo sanitario, algo sensible a nivel social y que requiere una estrategia de comunicación clara. “Sin participación vecinal sostenida, cualquier esfuerzo se diluye”, advierten desde el equipo técnico.

Mientras tanto, recomiendan medidas simples para hogares y comercios. Si el vecindario las aplica de manera coordinada, se puede bajar la presión en muy poco tiempo.

  • No alimentarlas jamás; sellar áticos y aleros con malla; proteger cables visibles; podar ramas que toquen techos; denunciar avistajes al área de Ambiente local

¿Pueden llegar más lejos?

Ya hay reportes en partidos vecinos y no sería raro verlas en corredores que apuntan hacia Mercedes, General Rodríguez o Pilar. La expansión es “paso a paso”, pero sostenida, sobre todo en estaciones con fruta disponible y poca intervención humana.

Los expertos piden un plan regional, porque una acción aislada en un solo barrio no alcanza. La coordinación entre municipios, con protocolos compartidos y monitoreo permanente, mejora los resultados y baja el costo económico.

Un cambio de chip

El desafío es cultural y práctico. Hay que dejar de verlas como mascotas silvestres y entender que son una especie exótica con efectos reales en ecosistemas y servicios urbanos. “No se trata de odiarlas, sino de gestionar con criterio”, resume la bióloga.

En Luján, el futuro inmediato se juega en la calle, en la poda a tiempo, en el cesto de basura bien cerrado y en un WhatsApp al Municipio cuando haga falta. Las ardillas no frenan, pero con comunidad organizada y ciencia a mano, el avance puede volverse más lento y, sobre todo, más manejable.

Mateo Alvarado

Escribo sobre perros desde una mirada cercana, práctica y argentina. Me interesa contar historias, compartir consejos útiles y ayudar a que cada familia entienda mejor las necesidades, el comportamiento y el bienestar de su compañero de cuatro patas.