¿Cuál es la diferencia entre una mulita y un peludo?

4 noviembre, 2026 ¿Cuál es la diferencia entre una mulita y un peludo?

En el campo, más de uno jura que estos dos bichos son lo mismo. Pero cuando te acercás con un poco de ojo, la diferencia salta a la vista. Son parientes, sí, pero cada uno tiene su maña, su pinta y su laburo en el ecosistema. Como dice la gente de rancho, “parecen iguales, pero no es lo mismo”. Acá va la posta, sin vueltas y con datos bien criollos.

Diferencias clave

  • El peludo es más grande y pesado; la mulita es más chica y más liviana.
  • El peludo tiene pelos largos saliendo del caparazón y en la panza; la mulita es más lisa.
  • La mulita muestra hocico largo y finito; el peludo, hocico más corto y robusto.
  • El peludo es más omnivoro (hasta come carroña); la mulita es más insectívora.
  • La mulita es más nocturna; el peludo camina de día o al atardecer.
  • Son de géneros distintos: mulita, Dasypus; peludo, Chaetophractus.

Tamaño y facha

El peludo se ve más petiso pero fornido, con cuerpo ancho y garras bien potentes. Suele rondar los 40–50 cm y varios kilos bien plantados. La mulita, en cambio, es más delgada y alargada, de 30–40 cm y peso más modesto.

En el caparazón está la pista fácil: el peludo asoma pelos bien visibles entre las placas, de ahí su apodo. La mulita luce caparazón más parejo, con pocas cerdas y bandas más marcadas. “Si ves pelos que asoman, es peludo, che”, diría cualquier baqueano.

Cara, hocico y garras

La mulita tiene hocico largo y fino, orejas más erguidas y mirada algo más tímida. El peludo muestra hocico corto, trompa poderosa y un aire más tosco. En las manos, el peludo porta garras como cinceles, hechas para abrir suelos duros y dar vuelta lo que haga falta.

Hábitos y menú

La mulita sale más de noche, olfatea hormigueros y termiteros con una lengua bien chicota pero efectiva, y va a lo seguro: insectos, larvas, algo de fruta y raíces. El peludo es menos quisquilloso: come bichos, raíces, huevos, pequeños vertebrados y hasta carroña si pinta la oportunidad.

Esa diferencia en la dieta se nota en el comportamiento. El peludo es más oportunista y curioso; la mulita, más sigilosa y huidiza. Como suele decirse en la pampa, “la mulita se borra, el peludo te mira y sigue”.

Barrio y territorio

El peludo se banca paisajes secos, pastizales abiertos y hasta zonas semiáridas. Está bien distribuido por buena parte de la Argentina, llegando incluso a áreas patagónicas. La mulita prefiere suelos más blandos, pastizales húmedos, cultivos y montes de la región pampeana y del Litoral.

En lugares con mucha gente, el peludo se adapta con más cancha, usando banquinas, potreros y márgenes de chacras. La mulita aguanta, pero sufre más la pérdida de hábitat y la caza.

Arquitectura de cuevas

Las madrigueras del peludo son un clásico: bocas más grandes, con bastante tierra removida y galerías que pueden ramificarse. Las de la mulita son más modestas, con entradas más chicas y túneles más rectos. Un detalle útil: el peludo deja huellas con garras delanteras bien marcadas, como pequeños arados.

Reproducción y ciclo

En la mulita, como en otros Dasypus, es común la poliembrionía: una sola fecundación que da varias crías idénticas entre sí. Es un truco evolutivo raro y fascinante. El peludo, en cambio, tiene camadas más chicas y variables, sin ese rasgo clonador.

Ambos tienen crías muy dependientes al principio, y el éxito del nido se juega en la madriguera, que regula temperatura y las mantiene lejos de predadores.

Conservación y convivencia

El peludo está mejor parado en conservación, con poblaciones más amplias. La mulita, en varias zonas, viene más ajustada por cambios de uso del suelo y presión de caza. En muchas provincias su caza está prohibida: informate antes de cualquier interacción.

Importante para la salud pública: pueden portar parásitos y patógenos, así que manipularlos o comer su carne no es buena idea. “No es comida: es fauna nativa”, una frase que suena cada vez más en el interior.

Convivir es más simple de lo que parece: dejar márgenes de pastizal, evitar venenos de suelo, y respetar madrigueras al trabajar la tierra. A cambio, te ayudan a controlar plagas de insectos y a airear el suelo con sus cuevas incansables.

La mirada justa

Cuando sabés qué mirar, ya no hay confusión: el peludo es el grandote peludo, la mulita la liviana de hocico largo. Son piezas claves del paisaje pampeano y sus alrededores, bichos antiguos con oficio moderno. “Más vale verlos vivos que contarlos en el asado”, dicen los que caminan la pampa. La próxima vez que cruces uno en la banquina, bajá un cambio, abrí bien los ojos y dejá que cada cual siga su rumbo.

Mateo Alvarado

Escribo sobre perros desde una mirada cercana, práctica y argentina. Me interesa contar historias, compartir consejos útiles y ayudar a que cada familia entienda mejor las necesidades, el comportamiento y el bienestar de su compañero de cuatro patas.